Historia del Real Aero Club

 
El nacimiento del Real Aero Club de Córdoba (en adelante RAC) en 1959 estuvo íntimamente relacionado con la construcción en nuestra capital de un Aeropuerto, una importante obra de infraestructura que fue posible gracias al tesón del hombre que al frente de la Alcaldía hizo de Córdoba una ciudad propia del siglo XX y con verdadera proyección de futuro, me refiero a d. Antonio Cruz Conde y Conde. Este gran alcalde cordobés, precisamente el que durante más tiempo e ininterrumpidamente ocupara el primer sillón municipal a lo largo del siglo XX, once años transcurridos desde 1951 a 1962, consideraba que Córdoba no sería una gran capital moderna y con posibilidades de progreso si no contaba con un aeropuerto que la pusiera en contacto con las grandes rutas aeronáuticas nacionales e internacionales y así se lo hizo constar al entonces Jefe del Estado  Francisco Franco en una audiencia que tuvo lugar en febrero de 1953.

 

Después de sortear numerosos obstáculos sucintamente reflejados en sus Memorias[1], Antonio Cruz Conde veía cumplido su sueño el 10 de mayo de 1958, fecha en la que dos avionetas pilotadas respectivamente por el ex ministro del Aire y en aquel momento Jefe de la Región Aérea del Estrecho, el teniente general Eduardo González Gallarza, y por el Jefe de Protección de Vuelos de la misma zona aérea, el coronel Pérez de Eulate aterrizaban en su pista. Dos semanas después, el 25 de mayo, tuvo lugar la inauguración oficial en un acto en el que como era preceptivo el obispo de la diócesis fray Albino, en una de sus últimas comparecencias públicas, ya que murió tres meses después (13/VIII/1958), bendijo las instalaciones del Aeropuerto Nacional de Córdoba en presencia del Ministro del Aire y en medio del alborozo de miles de cordobeses con su Ayuntamiento al frente, conscientes de que asistían a un momento particularmente relevante en la historia de nuestra ciudad. 

 

Córdoba contaba ya con un aeropuerto plenamente operativo para cuya jefatura fue designado el coronel cordobés Arturo Méndez Maldonado, un hombre que se había distinguido por su denodados esfuerzos para que su construcción fuera una realidad. En junio de 1959 le sucedía en la jefatura del aeropuerto el teniente coronel Ángel Aguarón del Hoyo, piloto de acrisolada experiencia de vuelos desde que en 1937 con dieciocho años ingresara en la Aviación. Desde su cargo, el nuevo jefe del Aeropuerto, además de impulsar las prácticas aeronáuticas creando al efecto una escuela de pilotaje bajo su dirección, se erigió en el gran animador de la idea de fundar un Aero Club vinculado al aeródromo cuyas actividades aeronáuticas quedarían a cargo de la citada escuela de pilotos. Aguarón del Hoyo pretendía que nuestra ciudad contara con un Real Aero Club como los veintiséis ya existentes en otras capitales españolas que contaban con instalaciones aeroportuarias, entre ellos los de Sevilla, Granada, Málaga y Jerez de la Frontera.

 

La idea lanzada por el Jefe del aeropuerto recibió una positiva acogida institucional y en distintos sectores de una sociedad cordobesa que a finales de los cincuenta parecía despertar del letargo y de la larga y dura realidad que había presidido la Córdoba de postguerra. En la primavera de 1959, aprovechando el impacto generado en nuestra ciudad con la inauguración del aeropuerto, un grupo de jóvenes profesionales cordobeses aficionados a la aeronáutica iniciaron los trámites, entonces bastante complejos, para la constitución de un Aero Club adscrito al Real Aeroclub de España. En junio del año citado en una asamblea celebrada en el Círculo de la Amistad los promotores del proyecto lo dieron a conocer a una nutrida concurrencia a la que también se le solicitó su adhesión como socios de la futura entidad. La positiva acogida, plasmada en una extensa relación de personas que expresaron su voluntad de adherirse a la misma, llevó a sus promotores a convocar una nueva asamblea, celebrada igualmente en el Círculo de la Amistad el 13 de julio, en la que ya se procedió formalmente a la constitución de una Junta Directiva Provisional cuyo cometido, según el contenido literal del acuerdo era: asumir la representación de la Entidad en trámite de creación y llevar a buen fin la misión encomendada, recabando de los organismos correspondientes los documentos y autorizaciones necesarias, redactando los estatutos provisionales, etc., hasta completar el expediente que la legislación en vigor exigía.

 

Como no podía ser menos, al frente de la citada Junta figuraban dos militares Ángel Aguarón del Hoyo y Nemesio Suárez Mendoza, como Presidente y Vicepresidente respectivamente; les acompañaba el médico traumatólogo Rafael Ruiz Zurita como Secretario, Carlos de la Cruz García, -labrador- como Tesorero, Rafael Lovera Porras –labrador-, José Leva Mármol –abogado-, y Juan Izquierdo Perea –director del Banco Popular Español-, como Vocales.

 

Las gestiones no pudieron ser más eficaces puesto que  el 16 de noviembre de 1959 la Dirección General de Aviación Civil y, el 15 de diciembre del mismo año, el Ministerio de la Gobernación autorizaban la constitución definitiva de la Sociedad “Real Aero Club de Córdoba”, cuyo domicilio social se establecía en el Aeropuerto Nacional de Córdoba y provisionalmente hasta que se habilitara un local definitivo en la sede del Círculo de la Amistad.

 

A finales de diciembre de 1959 la Junta Directiva Provisional remitía a las alrededor de 350 personas que ya habían mostrado su interés por formar parte de la sociedad una circular acompañada de un Reglamento provisional y un boletín de inscripción. En la citada circular se recogían una serie de normas que desde entonces han marcado el desenvolvimiento de nuestro Real Aero Club hasta prácticamente nuestros días, por ejemplo: ya entonces se establecía una cuota de afiliación individual de 3.000 pesetas y familiar de 5.000 “pagaderas de una vez o en 12 mensualidades a elección del interesado” – nuestras famosas acciones- y una cuota mensual de 75 pesetas que comenzarían a abonarse a partir del 1 de febrero de 1960. Aquellos socios que solicitaran su inscripción después de la fecha apuntada además de ver incrementada la cuota de afiliación en 100 pesetas por mes transcurrido desde febrero del 60, debían solicitarlo a la Junta Directiva que podía denegar su admisión cuando se estimara superado el número de 300 socios, los mismos que figuran en el libro de registro de socios con la consideración de fundadores. Esta cantidad, no obstante se amplió al año siguiente en cincuenta socios más.

 

 Igualmente se fijaba una cuota anual para los hijos de socios mayores de 10 años (200 ptas. hasta los 15 años y 300 hasta los 21), creándose ya la figura del socio numerario para los hijos de los socios de cuota familiar que alcanzaran la mayoría de edad entonces establecida a los veintiún años.

 

El documento aludido también hacía referencia a la futura  construcción de la sede del club en terrenos colindantes al aeropuerto; para ello se realizaron las oportunas gestiones con Dª Elena López de Morla y Campuzano, Condesa de Villacreces, propietaria del cortijo Fontanar de Quintos a la que se le compró una hectárea de terreno, en concreto 12.974 metros, por la cantidad de 50.000 pesetas, -hoy 300 euros-, según consta en  la correspondiente escritura pública firmada en 1961 por Rafael Eraso Salinas que desde marzo de 1960 había sustituido ya como presidente efectivo a Ángel Aguarón que pasó a la vicepresidencia de la entidad como responsable de actividades aeronáuticas.

 

El 21 de abril de 1962 el Ayuntamiento de Córdoba autorizó el proyecto de construcción de las primeras instalaciones del Club después de que se superaran algunos obstáculos, como el retraso registrado en la construcción de la carretera de Puesta en Riego concluida ese año y el tramo que conducía hasta el aeródromo, cuyo uso por parte de los socios del Club también tuvo que ser autorizado por las autoridades municipales como a tal efecto se hizo  el 6 de julio de 1961.

 

Aquellas primeras instalaciones estaban integradas por un local social de 430 m2, un hangar de 790 m2, un aparcamiento y unas instalaciones deportivas compuestas de dos pistas de tenis, un frontón, una pista polideportiva, dos piscinas y una bolera cubierta de dos pistas que terminaría de instalarse algunos años después.

 

Así pues, a comienzos de los años sesenta el Real Aero Club cordobés iniciaba su andadura en el mismo lugar donde hoy están ubicadas sus instalaciones; contaba al momento de su inauguración con una masa social de 350 socios propietarios representantes en su mayoría de los sectores acomodados de la sociedad cordobesa de entonces. Entre éstos resulta sumamente curioso el elevado número de médicos que formaban parte de la sociedad,  47 en total, de los que 3 Tomás Páez Martínez, Luís Hens Tienda y Julián Ferrer Cruz llegarían a ocupar la presidencia del Club.

 

Iniciada la andadura del Aero Club, desde el primer momento las actividades aeronáuticas y en concreto la Escuela de Pilotos, verdadera razón de ser en la fundación de la nueva sociedad, se convirtieron en el mayor quebradero de cabeza para sus directivos y  gestores, siempre acuciados según testimonios de la época en primer lugar por la “falta de material de vuelo” –terminología que hacía referencia a la inexistencia de avionetas ya que al margen de algunos socios que la poseían en propiedad en el hangar del Club, éste  sólo contaba con una Bucker matrícula, E3B.305, cedida por la Dirección General de Aviación Civil para las prácticas de vuelo-, y en segundo lugar y lo que era más importante, por los elevadísimos costes que suponían unas actividades aeronáuticas que pronto pusieron en peligro la propia supervivencia económica del Club. En este sentido ya en febrero de 1964 el vocal de vuelo Marcelino Cercós en su informe a la Asamblea General del Club decía lo siguiente:

 

Como no debe de ignorar ninguno de los socios de este Real Aero Club, nos hemos visto obligados a lamentar durante mucho tiempo el cierre de la Escuela de Pilotos por falta de material de vuelo (….)

 

Pero al margen de la circunstancia apuntada, la verdadera causa de la suspensión de actividades aparece claramente expresada en el informe del Sr. Cercós:

 

Pesa sobre nuestras espaldas el balance que arrojó la cuenta de explotación de la Escuela en su primer y único período de vigencia, en el que el déficit alcanzaba una cifra de 135.419,64 ptas., muy superior a la potencialidad económica de nuestro Aero Club.

 

A pesar de los problemas apuntados, la perseverancia y la ilusión de los dirigentes del Club bajo los mandatos de Tomás Páez (1963-67),  Luís Hens (1967-71) y Antonio Pérez-Barquero (1971-75)  hicieron que las actividades aeronáuticas remontaran el vuelo, volviéndose a poner en marcha la Escuela de Vuelos en los que fueron los momentos más brillantes de este tipo de actividades en la historia del Club. Durante la segunda mitad de los sesenta y los años y setenta, al margen de actividades aeronáuticas de distinto tipo patrocinadas o impulsadas por la entidad: -participación en los actos de recepción de la llegada a Córdoba de los pilotos participantes en la V Vuelta Aérea a Europa (14-VI-1967), exhibiciones de acrobacia aérea, aeromodelismo, vuelo sin motor, paracaidismo…etc.-, sus instalaciones fueron testigo de la formación de varias promociones de pilotos deportivos, muchos de ellos socios de la entidad que poseían avioneta propia; algunos llegaron incluso a cosechar triunfos como el obtenido en julio de 1968 por Juan Moreno Gordillo y  Antonio Díaz Martín, dos industriales cordobeses que se proclamaron campeones absolutos en la vuelta galaico-portuguesa pilotando bajo la bandera del Real Aero Club de Córdoba.

 

Pero a pesar de la relevancia de la aeronáutica en la vida cotidiana del Club, era evidente que la entidad no podía centrar su supervivencia en el mantenimiento de unas actividades cada vez más onerosas en relación con unos ingresos que no podían subvenir los crecientes gastos en materia de impuestos, vuelos, emolumentos de instructores, reparaciones de alguna que otra avioneta siniestrada…etc., y todo ello sin obviar otro tipo de problemas aún en el recuerdo de los socios más antiguos como la famosa crisis provocada por el accidente de una avioneta propiedad del Club pilotada por el socio Pedro Espejo Saavedra el 21 de febrero de 1968. El accidente se saldó sin daños para el piloto pero con importantes desperfectos en la avioneta, una Piper matrícula EG AGR con la que el piloto en cuestión había volado a Badajoz contraviniendo la prohibición expresa del propio Vicepresidente y responsable de actividades aeronáuticas Santiago González de Guzmán que presentó su dimisión irrevocable por este hecho, dimisión a la que siguió la de todos los miembros de la comisión de vuelos de la Junta.   También permanece en el recuerdo el desgraciado accidente en vuelo de instrucción ocurrido a finales de los años setenta con dos víctimas mortales en una avioneta que figuraba con matrícula del Club, lo que obligó a la entidad a hacer frente a las correspondientes indemnizaciones fijadas por los tribunales de justicia. Ante este panorama no resulta extraño que antes de que terminaran los años setenta las actividades aeronáuticas quedaran reducidas a su mínima expresión hasta desaparecer prácticamente. Los socios que accedieron a la entidad por aquellos años aún retienen en su memoria el hangar del club sin aviones y sin utilidad práctica hasta mediados los ochenta, en que tras la reparación de su techumbre fue rehabilitado para el uso deportivo. No obstante, y por lo que supone de anecdótico, nuestro Club durante algunos años aún siguió manteniendo en sus juntas directivas, un vocal “responsable” de actividades aeronáuticas que estatutariamente debía ser un socio con el carnet de piloto, lo que para los presidentes de turno resultaba cada vez más complicando, recurriendo en alguna ocasión a la persona de Manuel Benítez “El Cordobés” para que aceptara esta vocalía sin que ello conllevara obligación alguna. Así pues, las actividades aeronáuticas antes de que se cumpliera el 25 aniversario del Club, sólo eran ya un recuerdo que no provocaba otra reacción en su masa social que no fuera la de añoranza en algunos de los viejos socios fundadores.

 

Pero al margen de la circunstancia apuntada en los años setenta y ochenta el Real Aero Club, lejos de perder su proyección en la sociedad cordobesa, mantuvo su pujanza y creciente prestigio de la mano de una serie de juntas directivas cuyos integrantes no dudaron en dedicar su tiempo y su esfuerzo de manera siempre desinteresada para ofrecer los mejores servicios a todo su cuerpo social y siempre con el objetivo de colocar al Club en el nivel de excelencia que en todo momento mantuvo dentro del conjunto de entidades sociales y recreativas de nuestra ciudad.

 

Y en este sentido sin pretender restar protagonismo a todos los que tuvieron en sus manos la gestión del Club, doce presidentes y quince juntas directivas desde 1959 al día de hoy, antes de que terminaran los años sesenta la junta directiva que presidía Luís Hens recogiendo la idea ya barajada por su antecesor el Dr. Tomás Páez, consideró que había llegado el momento de ampliar la superficie del Club con la adquisición de una nueva parcela de terreno para ampliar y modernizar sus instalaciones. El 16 de diciembre de 1967 una Junta extraordinaria de socios autorizó la adquisición de una hectárea de terreno y una opción de compra sobre dos hectáreas más pertenecientes a la empresa QUINLA, S.A., sociedad mercantil integrada por la condesa de Villacreces y sus dos hijos propietaria del cortijo Fontanar de Quintos.

 

Cinco años después, el 7 de septiembre de 1971, la Junta Directiva a propuesta de su presidente Antonio Pérez-Barquero acordaba proponer a una próxima Asamblea General de Socios el ejercer la opción de  compra de las citadas dos hectáreas con el propósito de llevar a cabo una notable ampliación y modernización de las instalaciones del Real Aero Club.  El precio de venta de los citados terrenos fue de 300.000 ptas, según la escritura firmada por el hijo de la condesa de Villacreces y por Antonio Pérez-Barquero el 6 de junio de 1972 ante el Notario y Vicepresidente del Club Santiago Echevarría Echevarría quien por cierto donó generosamente a la entidad sus emolumentos profesionales,..

 

Con la compra de los nuevos terrenos el RAC redondeaba la superficie que hoy constituye su patrimonio con la anexión en el año 2007 de una pequeña parcela de dos mil metros cuadrados adquirida a la empresa PAMENA S.L., por la que se abonó la cantidad de treinta mil euros.

 

Dentro pues de una superficie de más de cuatro hectáreas las distintas juntas directivas que se sucedieron en el medio siglo de vida del Club dejaron su impronta en lo que hoy es un importante y moderno patrimonio de todos sus socios.  Desde mi perspectiva de profesional de la Historia no viene al caso reflejar en esta breve exposición un relato pormenorizado de las actuaciones de cada una de ellas, de los grandes hitos de sus mandatos plasmados en las sucesivas inauguraciones de lo que hoy constituye su importante patrimonio inmobiliario y deportivo, ni tampoco hacer referencia a la evolución de la sociología de su masa social en estos cincuenta años; o a detenerse con la evolución temporal de sus finanzas, de su personal de servicio o de otros muchos aspectos que forman parte de los centros de interés de quienes nos dedicamos a investigar nuestro pasado. Todo ello es factible porque el Real Aeroclub de Córdoba cuenta con un importante fondo documental que gracias a la positiva labor de recopilación y organización que está llevando a cabo el actual gerente del Club, Mario Fernández Jiménez puede servir de base junto a otras fuentes documentales a la hora de elaborar una detallada historia del Real Aero Club cordobés. Como comprenderá el lector avisado, ello nos llevaría a una tarea que superaría con creces el objetivo de esta primera aproximación a la historia del nuestro Club y las páginas que me han sido asignadas en este Anuario Conmemorativo del Cincuentenario. No obstante antes de poner punto y final a estas páginas  sí me gustaría evocar algunos nombres que ya forman parte de la memoria colectiva del Club a título de reconocimiento y homenaje, en algún caso, ya póstumo. Entre estos nombres hay que hacer mención expresa a sus presidentes: Ángel Aguarón, Rafael Eraso, Tomás Páez, Luis Hens, Antonio Pérez Barquero, Antonio y Alfonso Carbonell, Julián Ferrer, Alejandro Rodríguez, Luís Carreto, Juan Cadenas y Javier Martín. Sería injusto olvidar a personas como Severiano Bajo, socio de Honor del Club desde 1967, cuyas gestiones resultaron determinantes para que la Delegación Nacional de Educación Física y Deporte concediera una importante cantidad de dinero para la construcción de instalaciones deportivas en el Club; a Francisco Ruiz Bufill y Eduardo Font, tal vez las dos personas que mayor esfuerzo dedicaron desde sus vocalías al desarrollo y fomento del tenis, haciendo que el Club se convirtiera en un importante referente de este deporte fuera del ámbito estrictamente provincia. También es de justicia traer a la memoria a personas como Rafael Merino Jiménez, gerente durante muchos años del Club,  José Bernete Martín, responsable de la repostería a lo largo de más de treinta años, a Juan Manuel López Galván y a Cristóbal Rodríguez Castillo, antiguos conserjes cuyo nombre aún recuerdan muchos de los socios de hoy que en su día fueron niños, a Matías Rodríguez Herrerías, el hombre del tenis, a Rafael Ariza y su esposa Mari y a muchos más que harían interminable esta relación, todos ellos personas en muchas ocasiones incomprendidas en su quehacer cotidiano por sectores de la masa social del Club, pero no por ello menos identificados en cualquier circunstancia con la entidad a la que dedicaron sus servicios y gran parte de su vida laboral.

 

 

 

 

Enrique AGUILAR GAVILÁN

 

Doctor en Historia Contemporánea

 

Socio Propietario nº 183

 

Córdoba, diciembre de 2008

 



[1] Para conocer más detalles de todo lo concerniente a la construcción del Aeropuerto de Córdoba consultar: “Antonio Cruz Conde y Córdoba: Memorias de una gestión pública” con estudio introductoria de Juan Antonio Primo Jurado y prólogo de Rosa Aguilar, Córdoba 2005 y Francisco Solano Márquez “La Córdoba de Antonio Cruz Conde”. Córdoba 2007.

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